Empresas competitivas, mexicanos pobres

Durante la fase de argumentaciones previas a la sonada reforma laboral, mucho se arguyó sobre las ventajas que las modificaciones a la Ley Federal del Trabajo traerían para el país, al legalizar diversos tipos de contratación que operaban de facto, entre otras muchas disposiciones. Sin embargo, si revisamos a fondo, veremos que los factores para la competitividad que necesitamos para participar verdaderamente en el escenario económico mundial, están ausentes en la ley.

Los factores que se citan con más frecuencia son: medio ambiente, tecnología, educación, desarrollo sostenible, salud y responsabilidad social. Todos ellos son efecto —directo o indirecto— de la calidad de vida de las familias, además de ser a la vez potencializadores de la misma. Se crean así los círculos de productividad-crecimiento que permiten a los pueblos desarrollarse y crecer. La última, la responsabilidad social, no es solamente un tema de moda del cual los teóricos más importantes del mundo están hablando, sino un complejo sistema de reglas y valores aplicados a la vida productiva de países y empresas.

La responsabilidad social, tomando como referente a la Organización Internacional para la Estandarización en el ISO 26000-2010, opera con principios y materias estrictas, pese a no contar con un sistema de certificación como en otras normas. Una de estas materias son las prácticas laborales, que observan con especial atención asuntos tales como la jornada laboral y la remuneración.

La responsabilidad social se manifiesta brindando al trabajador un trato digno y justo. El error en el cual muchas empresas mexicanas han caído es confundir la legalidad con la justicia. Si bien es cierto que pagar el salario mínimo general que se marca para cada zona geográfica es una acción que se ajusta a la ley, dista mucho de ser un trato justo o digno.

En ese contexto, los empresarios mexicanos han exigido, y se les ha concedido, un sistema legal en el cual sea factible limitar el establecimiento de relaciones laborales en un aspecto temporal, lo cual significa despidos más ágiles y baratos. Lo que causa desconcierto es que se sostenga en los sectores privado y público que tales acciones nos hacen más competitivos.

Sin embargo, lo anterior parece no ser tan grave cuando tomamos en consideración la gran variable en términos laborales: el salario. El salario mexicano es uno de los más bajos de Latinoamérica. Mientras en los países más desarrollados buscan maneras de flexibilizar el trabajo y encontrar formas más dignas de retribución, poniendo en primer lugar a la persona, en México seguimos trabajando bajo esquemas decimonónicos que lo único que han conseguido es crear, en el mejor de los casos, empresarios ricos y empresas pobres.

De acuerdo con Miguel Santiago Reyes (Los salarios en México, 2011), el nivel salarial en México está por debajo del de países con menor PIB per cápita como Honduras, El Salvador, Guatemala, Ecuador y Perú. Esto hace que el lugar del país en el contexto internacional sea realmente menor.

Estos bajos salarios han cambiado la configuración tradicional de la sociedad mexicana, no solamente sobre el papel del o los proveedores familiares, sino del mismo tiempo dedicado al trabajo para alcanzar límites mínimos de subsistencia. De acuerdo al Centro de Análisis Multidisciplinario (UNAM, 2012), en tan solo 13 años casi aumentó seis veces el número de mexicanos que deben trabajar más de 48 horas semanales para vivir.

Esta situación no puede resolverse por decreto. La infraestructura del país, las estructuras de costos, la economía centrada en lo macro, el bajo nivel educativo y la falta de visión de los poseedores de la propiedad del sector productivo, impiden prever soluciones a corto plazo. El modelo chino basado en salarios paupérrimos no puede ser aplicado en una sociedad no colectivista, como la nuestra.

Lo alarmante e inaceptable, además del problema en sí, es que desde los más altos foros se celebre que el estado generalizado de carencia de la población se venda y presuma como una ventaja competitiva para México. Es una gran desventaja, de esas que toman desquite tarde o temprano, como tristemente hemos experimentado una y otra vez.






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Informe de Activdades del compañero Max Agustín Correa Hernández como coordinador del Congreso Agrario Permanente en el periodo de Abril del 2013 a Enero del 2014 y la organización y desarrollo del

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