Respuesta Germán Martínez Cázares

Sr. Germán Martínez Cázares

Por encargo del Secretario General de la Central Campesina Cardenista, Max Agustín Correa Hernández, tengo a bien dirigirle las siguientes palabras, a modo de respuesta a su artículo del lunes 4 de agosto, en el periódico Reforma, titulado “Cárdenas ha muerto”. En un principio consideré una respuesta breve y concreta, sin embargo, es tal la carga de ideas y conceptos que usted usa de modo tan simple, que era necesario responder con mayor profundidad para dejar en claro el valor de la obra del General Lázaro Cárdenas del Río, que usted no critica sino que descalifica. Por tanto no se lo haré fácil señor Martínez.

            Primeramente deseo ubicar su peculiar juego de premisas. En su artículo parte  de una anécdota: el acto de protesta de la bancada del Partido de la Revolución Democrática (PRD), consistente en unas pompas fúnebres, para luego aplaudir la muerte definitiva del General Cárdenas y la aprobación de la reforma energética. En adelante diserta desde una muy particular visión de la historia del siglo XX mexicano para volver a aplaudir la muerte del General Cárdenas y el advenimiento de la reforma energética, coronando sus afirmaciones con un autoelogio que logra colocar hábilmente “El PAN le dio una victoria al futuro y a la modernización”. En realidad su lógica no es tan ingeniosa y tampoco creo que sea original, pero sí es efusiva para afirmar por encima de todo su principal premisa: que el panismo siempre tuvo razón, mientras que el país era hundido por extremistas y populistas y que a usted y los suyos les correspondió, finalmente, salvar al país, claro junto al redimido priismo peñista.

            Ahora permítame comentar algunos de sus puntos argumentativos y de sus conclusiones. Comienzo con esto, dice usted que el General Cárdenas “advirtió que al <<conducir la comprensión>> de la Revolución, <<conduciría>> también los destinos del país” y remata, “Cárdenas forjó una memoria de la Revolución para legitimar sus actos de gobierno; y con ese legado, comenzó una tarea de falsificación de la vida pública donde confundió, en armoniosa complicidad, al <<Estado>>, <<la revolución>>, <<el partido>> y <<el gobierno>>. Esa mezcolanza le permitió el usufructo nacionalista del poder político en México”. Es difícil entender lo que usted desea decir con “comprensión” de la revolución y menos aún que en ese proceso el General Cárdenas hiciera una “mezcolanza” únicamente para usufructuar el poder político. Veamos, si hay algo que queda claro es que el cardenismo estaba empeñado en erigir un Estado, tarea que no le era propia sino digamos le fue heredada; tal cometido venía desde los años de Venustiano Carranza quien ya en los días de promulgación del Plan de Guadalupe estableció que la revolución no se trataba de una cuestión de justicia meramente sino de restituir al Estado y más aún, a partir de su discurso de Hermosillo, el mismo año de 1913, dejó ver que lo venidero sería un Nuevo Estado, eso sí, nadie tenía plena certeza de qué tipo, más bien la revolución se encargó de definirlo, porque de eso se tratan las revoluciones, digo, para que nos vayamos entendiendo. Ahora, el tipo de Estado que el General Cárdenas forjó no fue una obra maquiavélica exclusivamente suya, construida al modo de un maléfico mago en su torre, antes bien asumió que ese Estado en primer lugar era el mismo que la Constitución de 1917 definía, era también el que el los militantes de ánimo popular y progresista del entonces Partido Nacional Revolucionario (PNR) habían delineado con el Plan Sexenal de 1933 y finalmente era el que cientos y miles de ciudadanos de origen campesino, obrero y popular apoyaban y que apoyaban porque la política de ese gobierno era la misma que habían perseguido en más de 15 años de lucha previa, es decir, para que me entienda Señor Martínez Cázares, el Estado del cardenismo no fue producto de una manipuladora voluntad individual, sino respuesta y síntesis de una amplia lucha social y política de carácter revolucionario. Por tanto, hablamos de un proceso histórico, lo que usted pretende analizar con un reduccionismo que no es aceptable, ese es su primer error.

Pero sigamos con sus ideas. En otro lugar dice “Precisamente el acto de la expropiación petrolera de 1938 significó la consolidación de esa cultura estatizadora, colectivista y presidencialista sembrada con fervor por Cárdenas, causa originaria del despilfarro en Pemex en nombre del pueblo”. Creo que el de la “mescolanza” es usted Señor Martínez Cázares, además de la ignorancia, pues para denostar contra la vía de desarrollo a través del Estado, el Presidencialismo y el “colectivismo”, como lo llama, acude a la alusión del “despilfarro en Pemex”. Es decir, son varios temas muy distintos y en ningún modo unos afectan o provocan lo otro, el que manipula en realidad es usted. Es decir, no niego el “despilfarro”, ello se debió a un Pemex que fue dominado por el modo de gobierno corrupto del priismo, en especial a partir de los años del boom petrolero. Pero otro tema es el papel del Estado y aún del Presidencialismo en el México del siglo XX, eso más bien fue definido por los constitucionalistas de 1916-1917, en la medida que en el horizonte no veían sujetos sociales, económicos o políticos consolidados que asumieran el empuje del desarrollo nacional. Dicho así no creo que les faltara razón a los constitucionalistas, en realidad en el desarrollo moderno de casi todos los países centrales actuales el Estado fue fundamental desde el siglo XIX, es decir, en la Francia del Luis Napoleón, en la Alemania de Otto von Bismarck, en el Japón de la Revolución Meiji, por ejemplo, y para el siglo XX el Estado fue vital para la recuperación de posguerra en Europa occidental y en Japón; lo fue también para la industrialización en América Latina, en especial en Brasil, Argentina, México, entre otros y hablando de nuestro país no veo su furia hacia el papel del Estado, pues éste gestó medidas de exención de impuestos, proteccionismo, coinversión, etc., medidas que hicieron posible la consolidación y desarrollo de nuevas empresas y de la clase empresarial beneficiaria, es más, ¿qué sería hoy de un Carlos Slim o un Salinas Pliego sin las facilidades que dio el Estado en el proceso de privatizaciones de los años noventa? Ciertamente el aparato del Estado construido en los años veinte y treinta, con el que podemos relacionar al cardenismo, fue muy pronto usado en beneficio de una clase política autoritaria a partir de los años cuarenta, pero aún falta mucho por analizar históricamente para pasarle esa factura al General Cárdenas.

El tema del colectivismo vale la pena comentarlo trayendo a cuento estas otras líneas suyas: “en muchas ocasiones Cárdenas mostró desprecio por la propiedad privada, y en sus discursos oficiales se escuchó <<la socialización de medios de producción>> y <<la progresiva nacionalización de la industria>>”. Evidentemente para usted el concepto y persecución de la propiedad privada es algo sagrado, su esencia liberal, digamos clásica, queda establecida con estos términos y puedo respetar eso, más aún, puedo afirmarle que para el cardenismo eso también era respetable, pues en tanto la propiedad privada está contemplada en nuestra Constitución entonces es un derecho que el Estado debe garantizar, más bien creo que el problema es suyo y no del General Cárdenas. El problema de su visión liberal es que considera que la propiedad privada no sólo es un derecho sino que es el único derecho, es decir, es la única forma de propiedad posible y válida a nivel conceptual y legal, nada más y nada menos. Para usted, la visión de que convivan varias formas de propiedad como la colectiva y la de la Nación, es decir, la patrimonial, es inadmisible, y todo intento de garantizar esas otras formas a través de la existencia de tierras ejidales o comunales o mediante empresas públicas es algo que atenta a la propiedad privada. Cierto, el General Cárdenas no ocultó sus simpatías por la socialización de los medios de producción pero nunca planteó que esto se alcanzara a través de la imposición y la negación de los derechos de otros, tampoco ocultó que dicha socialización fuera en beneficio de las clases trabajadoras, las directamente productoras de la riqueza, pero siempre exigió a las mismas que éstas debían organizarse y buscar sus metas emancipadoras desde los mecanismos que la Constitución marcaba. Para que me entienda señor Germán Martínez, el cardenismo no oculta su carácter “revolucionario radical” como lo dijera el General, pero siempre convocó a que las metas revolucionarias se alcanzaran por medios legales y democráticos, aunque para usted sean meramente “aventuras populistas”, pero bueno, de su reduccionismo ya estamos enterados.

Existe un tema curioso, uno que parecería algo clásico y fuera de toda duda pero es precisamente donde existe una enorme diferencia entre lo que usted afirma y lo que nosotros pensamos. En una parte de su texto afirma que el General Cárdenas “sujetó a los campesinos al control político del PRI” y más adelante complementa diciendo "esa cultura gremial, donde se afiliaba obligatoriamente a los trabajadores al partido oficial a cambio de impunidad, y Cárdenas comenzó ese corporativismo al refundar al partido de la Revolución”. Con estas líneas me doy cuenta de la versión con que educan a la militancia panista, muy conveniente niega todo avance progresista al cardenismo y la revolución, como por ejemplo el dotar de propiedad a miles de campesinos o garantizar a los trabajadores sus derechos sindicales, ese tipo de cosas que están fuera de tono en estos días de “liberalización”. Sin embargo de lo que está bastante librado es de información, pues cualquier análisis de la historia política de los años veinte a los cuarenta nos demuestra que el proyecto del cardenismo era harto distinto al que se erigió con el advenimiento del Partido Revolucionario Institucional, tanto que al iniciar el primer gobierno priista, el de Miguel Alemán, se reformó el artículo 27 para favorecer un nuevo proceso de concentración de tierras y los sindicatos, antes independientes, fueron víctimas de un proceso de suplencia en sus liderazgos por otros de carácter espurio, entregadas a los dictados del Presidente en turno y el sector empresarial, principal beneficiario de la pérdida de las libertades de los trabajadores. Es decir, el corporativismo autoritario no lo inventó el General Cárdenas sino el PRI, pero claro, usted dirá que son los mismo. En eso está sumamente confundido, lo mismo que muchos priistas que se han creído su propia mentira y aún la izquierda. Vale la pena preguntar ¿a quién ha beneficiado hacer una “mezcolanza” entre dos proyectos totalmente distintos como lo son el cardenismo de los años treinta y el priismo que surgió a partir de la década de los cuarenta? Por un lado al PRI, que para legitimarse hizo todo lo posible para vincularse con la Revolución Mexicana y con el propio cardenismo, pues tras asaltar al Estado surgido de la revolución para beneficio de una clase política, debía justificar con aires de justicia y patrioterismo ese robo. Pero por otro lado esto también benefició al PAN pues así justificó la idea de que sólo él podía ser el partido de la democracia y las libertades. Los únicos que han perdido, cosa curiosa, son las izquierdas y las fuerzas democráticas que al asumir que la tradición revolucionaria mexicana era fuente del autoritarismo que combatían, decidieron buscar otras tradiciones como la rusa, la cubana o hasta las centroamericanas pero con ello únicamente se extraviaron, hasta hoy. Afortunadamente nosotros no caemos en esa manipulación ideológica del priismo y defendemos que el cardenismo buscó legítimamente organizar a los trabadores del campo y la ciudad para que defendieran sus conquistas históricas y en esa idea proseguimos.

Otra idea, en que sólo ostenta su vulgar conocimiento de las ideas políticas es cuando cita al General Cárdenas al decir “Nunca he negado mi simpatía por los comunistas” y con ello usted, como acróbata, pretende justificar este dicho suyo: “La reforma energética abierta a la inversión privada en petróleo y electricidad es un compromiso con la libertad que siempre negó el comunismo”. ¿Quién le ha dicho a usted señor Martínez que el comunismo no tenía un compromiso con la libertad? Tal vez le sorprenda la pregunta a una mente que insiste en ser tan obtusa como la suya, y es comprensible si usted se aferra a ese concepto tan viejo y limitado de la libertad basada únicamente en la individualidad, que busca afirmarse únicamente como tal. La libertad de la que habla el comunismo es más compleja y humana, pues es aquella en que cada individuo se reconoce en el otro, en cada uno de sus semejantes pues ya no media entre ellos la enajenación, la alienación para que entienda, que impone entre los sujetos la lucha por propiedad y beneficio privado, esa condición que lleva a nuestras sociedades a la rapiña hecha incluso Estado. Era con esta idea libertaria con la que simpatizaba el General Cárdenas señor Martínez. Ahora, el comunismo del que usted se espanta, como todo conservador, es del estalinismo, del que coincidimos fue una muestra nefasta de autoritarismo, pero eso ya se derrumbó con la caída del a Unión Soviética, ya no existe, puede dormir tranquilo.

Para cerrar su texto usted lo hace con menosprecios, autoelogios y soberbia “Divinizar a Cárdenas le costó mucho al país. El régimen priista poco a poco se alejó de su pasado. El PAN le dio una victoria al futuro y a la modernización. La izquierda, huérfana de su Tata Lázaro, ¿por qué no propone expropiar los medios de producción, reanudar la lucha de clases y colectivizar los esfuerzos laborales? Hay conceptos políticos repugnantes, y difuntos que apestan”. Ante esto sólo puedo decir lo siguiente: La memoria del General Lázaro Cárdenas del Río es algo vivo, porque encierra la búsqueda de las demandas no satisfechas aún, ni por ese PRI que no ha cambiado ni por el PAN que usted llegó a dirigir, que traicionó a la ciudadanía al dejar de lado la transición democrática y por el contrario sostener el modelo de subdesarrollo del país, además de dejarnos una cuenta de sangre indignante, y eso señor Martínez, eso sí apesta. Cierto, la izquierda tiene mucho que hacer, en especial dirigirse a la población que ya está siendo afectada por sus reformas estructurales, mismas que sólo ahondarán la exclusión económica, social y política. Pero tanto su celebración y optimismo por tales reformas como mis señalamientos críticos son sólo palabras señor Martínez, la realidad se acabará imponiendo y no será la izquierda sino la gente, la que reanudará la lucha de clases.

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Informe de Activdades del compañero Max Agustín Correa Hernández como coordinador del Congreso Agrario Permanente en el periodo de Abril del 2013 a Enero del 2014 y la organización y desarrollo del

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