El desperdicio de alimentos en México

La producción de bienes agropecuarios es una actividad que requiere del conocimiento de técnicas y prácticas que en muchos casos han sido transferidas de una generación a otra o dependen de la propia experiencia del productor.

En México, las prácticas de producción son muy diversas y varían entre distintas regiones del país, por el uso de diversas genéticas o razas de ganado diferentes, por condiciones geográficas o la disponibilidad de recursos como agua, tipo de suelo y cambios en la temperatura.

Sin embargo, aunque existan condiciones diferentes, los productores se enfrentan a mercados nacionales e internacionales en los que sus productos deben competir por calidad, tamaño o frescura; características que se logran bajo prácticas productivas adecuadas y de manejo de los productos posproducción.

A nivel internacional, una de las condiciones que ha tomado relevancia es evitar el desperdicio de los alimentos. De acuerdo con al Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), a nivel mundial, para el 2009, el desperdicio de alimentos se ubicó en 3,610.8 millones de toneladas.

Para el caso de México, este monto ascendió a 16.5 millones de toneladas. Del total del desperdicio, 27.3% es en cereales, 24.1%, en maíz y 9%, frutas.

Sin embargo, la FAO revela que el descuido en el manejo de alimentos representa pérdidas de hasta 20% entre el productor y el consumidor en México.

Sin olvidar la correspondiente responsabilidad del consumidor, para mencionar por parte de los productores cuáles serían algunas de las condiciones que evitarían el desperdicio de sus productos, se enumeran las siguientes: desarrollar métodos de conservación y transporte para reducir las pérdidas, promover la compra y oferta de productos de manera local para que su consumo sea más fresco y ampliar la cadena de comercialización que abra más opciones de mercado para productos estropeados y ser utilizados como abono, alimento para animales o producción de fibras.

Estas tendencias conducirían al productor a ampliar su actividad no solamente hasta la etapa primaria, sino también ampliar sus intereses y tener mayor vínculo con nuevos métodos de conservación, manejo posproducción, relación con otros productores de su misma rama e incluso de otras industrias complementarias y, finalmente, con el desarrollo de mercados locales.

No es una tarea fácil pero, en caso de lograrse, los beneficios serían notables tanto por una mayor comercialización de sus productos como por los efectos potenciales en la reducción de los índices de hambre incluso en sus propias regiones.






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Informe de Activdades del compañero Max Agustín Correa Hernández como coordinador del Congreso Agrario Permanente en el periodo de Abril del 2013 a Enero del 2014 y la organización y desarrollo del

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