Se apagan el apoyo y la ayuda para los rarámuris

Adentrarse a la Sierra Tarahumara es cada vez más peligroso, debido a la presencia de bandas del crimen organizado que colocan retenes en los caminos o siembran el terror en las rancherías con asesinatos o quema de viviendas.

La recomendación para los visitantes es salir de los poblados antes de que oscurezca, porque es cuando grupos armados transportan mariguana y amapola entre las brechas.

Viajar desde la ciudad de Chihuahua al municipio de Guachochi o Carichí significa manejar hasta seis horas por carreteras sin ley, y donde es común observar a lo lejos camiones que serpentean las veredas cargados de madera, sin que la explotación de los recursos naturales represente algún beneficio para los indígenas.

Un año después de que más de 70 por ciento del territorio nacional fue azotado por la peor sequía de los últimos tiempos, Excélsior regresó a las comunidades rarámuri para constatar que todo sigue igual, nada cambió, a pesar de la gran indignación que provocó la hambruna que a finales de 2011 vivió este pueblo por la falta de cosechas.

Hace 12 meses, los ojos del país se posaron en el estado, donde circularon versiones que alertaban sobre el suicidio de indígenas de esta etnia  por no tener comida, lo que fue desmentido inmediatamente por el gobierno de Chihuahua.

Durante algunos meses, autoridades estatales, federales y sociedad civil se volcaron en ayuda para los rarámuri, con envió de despensas, cobijas y atención médica.

Hoy, ya apagados los reflectores, los apoyos dejaron de fluir en estas localidades que mantienen los Índices de Desarrollo Humano (IDH) más bajos de todo el mundo, incluidos países de África.

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el IDH mide tres variables: la esperanza de vida al nacer, años de escolaridad promedio e ingreso de la población.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) establece que hay municipios de la Sierra Tarahumara, como Batopilas, recientemente nombrado Pueblo Mágico, que tiene un Índice de Desarrollo Humano de la Población Indígena (IDH-PI) de 0.310, cifra menor a la que tiene la República del Níger, una nación al sur del Sahara, identificada como la de mayor atraso, a escala global, con un indicador de 0.330.

En acceso a la salud, diez de los 15 municipios con más rezagos en el país se encuentran en la Sierra de Chihuahua (Batopilas, Morelos, Urique, Carichí, Uruachi, Guadalupe y Calvo, Guachochi, Belleza, Bocoyna y Guazapares).

El Informe sobre Desarrollo Humano de los Pueblos Indígenas en México 2010 coloca en los primeros lugares de la lista de municipios pobres a Batopilas, Carichí, Morelos, Balleza, Urique y Uruachi.

Los índices de marginación de estas localidades son similares a los de países del continente africano; desde el 0.310 de Batopilas al 0.450 de Uruachi, que lo ubica al nivel de Gambia, en el lugar 168 de 182 países enlistados.

Lucrecia Olguín García, habitante de la comunidad de Corralito, en el municipio de Guachochi, es una de las personas que ya no reciben las despensas que durante la emergencia repartió la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol).

Comentó que, por el momento, su hija de tres años come el poco maíz que lograron recoger de la milpa y, en ocasiones, algo de frijol, con la esperanza de que algún día la situación pueda mejorar.

“A veces compramos frijol, está bien caro el frijol, le damos poquito y le hacemos pinole nosotros aquí”, indicó la señora.

El principal problema de salud de los niños rarámuri menores de cinco años es la desnutrición crónica, lo que reduce su capacidad intelectual y aumenta los riesgos de que puedan contraer enfermedades infecciosas.

En una ranchería de Carichí, conocimos a un niño de cuatro años, que como muchos otros en la región no tiene nombre, porque para llegar al Registro Civil, ubicado en la cabecera municipal, se tendría que caminar más de seis horas.

Los pequeños de esta etnia lucen en general manchas en el rostro, como señal de la mala alimentación y las bajas temperaturas, que en invierno alcanzan hasta los menos diez grados centígrados.

A pesar de que este año cayeron algunas lluvias no fueron suficientes para obtener buenas cosechas de maíz, además de que una plaga de chapulines arrasó con el frijol, según relató don José Evaristo, quien habita una vivienda de adobe, donde el frío se cuela por todos lados.

Al respecto, Ignacio Varela Ortega, presidente municipal de Carichí, reconoció que en 2011 tuvieron “momentos mucho muy difíciles”, y esperaban que en este ciclo agrícola hubiera más alimentos para pasar esta difícil temporada.

“De hecho, gracias a Dios, mejoró un poco, vamos a decir 60 por ciento, pero las cosechas de todas maneras son casi nulas en las comunidades rarámuri”, advirtió.

Ante esta situación, el alcalde, que surgió de una alianza entre panistas y perredistas, hizo un llamado a los gobiernos federal y estatal para que apoyen a las comunidades indígenas, antes de que la situación se vuelva más crítica.

El funcionario municipal también pidió ayudar a los indígenas de esta etnia, un pueblo enclavado en la Sierra de Chihuahua, que busca sobrevivir a pesar de todo y lucha contra todo para seguir adelante, caminando con los pies ligeros.

 






 

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Informe de Activdades del compañero Max Agustín Correa Hernández como coordinador del Congreso Agrario Permanente en el periodo de Abril del 2013 a Enero del 2014 y la organización y desarrollo del

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