Mensaje en Conmemoración del Día Internacional de la Mujer

A LAS MUJERES DEL MUNDO

Hoy es un día muy importante en la historia de la humanidad y en especial de las mujeres.

Se dice que el 8 de marzo es el día de la mujer. Se conmemora el día internacional de las mujeres trabajadoras, es el día emblemático en que se conjugan las huelgas, paros y marchas en torno a los derechos de las mujeres que trabajaban fuera del hogar, pidiendo que se les remunerara en el trabajo que realizaban para patrones e industrias. Las mujeres históricamente hemos invertido más fuerza de trabajo que los hombres en la vida cotidiana y no ganamos ni la cuarta parte de lo que ganan ellos. Desde hace siglos ha sido así, siempre pensando en que “los hombres son el sostén de las familias”. Nada más falso que esta afirmación, ya que las mujeres, desde entonces hasta ahora, realizan el trabajo remunerado o asalariado, además de realizar el trabajo en el hogar, en el cuidado de otras personas, administración de los hogares, es el símbolo de la lucha de las mujeres trabajadoras.

El 8 de marzo representa los dolores de muchas mujeres, que reclamaban la dignidad en el trabajo, que implicaba obtener un salario igual por trabajo de igual valor, que ha implicado el servicio de salud, la alimentación, la vivienda, la libertad civil y política, la educación y la asociación. Todo ese cúmulo de derechos implica la dignidad en el trabajo, ya sea en el campo, en las comunidades indígenas, en las ciudades grandes y pequeñas, las mujeres merecemos tener una vida digna y ello significa acceder a todos estos derechos mencionados, a que no se vean impedidos por vivir violencia, a que existan condiciones para acceder con garantía a ellos.

Las mujeres en las diferentes etapas de esta historia, han abonado desde sus propias experiencias de vida y contextos a admitir que si bien, en el campo, las comunidades indígenas y las ciudades existen diferencias enormes, es significativo hacer ver que existen muchas coincidencias, sobre todo en un tema en común: la violencia de género.

 

La violencia ha sido una característica del sistema de vida que ha imperado en este y otros países, está siempre acompañada de las opresiones y por regla general son los hombres quienes ejercen esa violencia en contra de las mujeres. En estos momentos en nuestra vida cotidiana vamos encontrando noticias de mujeres asesinadas, de mujeres desaparecidas, muchos casos no se presentan en los medios de comunicación, se quedan sólo en el interior de los hogares, teniendo como testigos sólo a las víctimas y su descendencia. Esas violencias cotidianas impiden que las mujeres podamos acceder a mejorar nuestra vida, nos impide la expresión de toda nuestra humanidad, eso se traduce en consecuencia en la pobreza para todo el pueblo o la ciudad.

La forma más grave de esta violencia es el feminicidio. Se conoce con este nombre a los asesinatos de mujeres. El sistema de justicia no está dando certeza y mucho menos reparación integral a las familias. Autoridades que consienten y toleran los feminicidios no son dignas de llamarse autoridades, ya que permiten que los asesinos sigan en libertad y en completa impunidad. El miedo impide que proyectemos nuestro potencial humano y por tanto nos somete y nos sometemos a quien tiene el poder. Es la indefensión aprendida con obediencia para evitar un mal mayor. Éste es inminente, por ello es que muchas optan por obedecer un sistema decrépito cuya respuesta es el silencio en el mejor de los casos; no provocar porque se nos obliga a callar, a disimular, a considerar que así es la historia para las mujeres que no obedecieron o que no provocaron y por ello, si quieres vivir, te quedes inmóvil, inerme, sorda y ciega ante lo que otras están viviendo.

El miedo nos obstruye. El miedo es real y eso es importante reconocerlo, porque de esa forma el miedo se vuelve un aliado para enfrentar esta realidad tan dolorosa con seguridad y capacidad de agencia. Todas somos impactadas por la violencia, como recitan en las diferentes marchas de mujeres “si lastiman a una, respondemos todas”. Una frase que lleva un gran compromiso, que nos pone a cualquier mujer, en las manos de las demás. Para ello, sólo basta manifestarnos, expresarnos, apoyarnos para que una u otra tengan el espacio y la posibilidad de hablar de hacerse escuchar, de expresarse de cualquier manera, tenemos el deber de vigilar que así sea, en la medida de lo posible.

A las mujeres indígenas y campesinas debemos escucharlas en condiciones de igualdad, porque ellas trascienden en el sagrado trabajo de cultivar la tierra, nuestra madre que nos alimenta, nos da vida. En las ciudades esa responsabilidad se duplica, porque en las ciudades nos hemos quedado sin tierra. Las campesinas deben ser escuchadas con atención y debemos abrazarlas con todo lo que tengamos, medios de comunicación, educación, participación. Ser el cerco que proteja su sagrado trabajo.

Esta historia es muy triste, sin embargo, tenemos la gran responsabilidad, unas y otras de cambiar nuestros destinos, de aportar como lo hicieron en la historia miles de mujeres. Apostar por todas, porque cada una realice sus sueños, viva en plenitud y goce de esta vida.  

Como Secretaria de la Mujer de esta Central, me queda contribuir con las propuestas que vengan de ustedes, de su palabra y pensamiento. De representarles como la base del trabajo sagrado y en esa forma responder con mis acciones, mi compromiso para que la fuerza y la riqueza regresen a la tierra, vuelvan a las manos de quienes la trabajan y hacer todo mi esfuerzo por dignificar nuestra posición y condición social frente a un sistema capitalista que nos quiere como eternas esclavas y esclavos del campo para satisfacer las necesidades alimentarias de quienes abusan y explotan la tierra.

Finalizo recordándoles que este es un día para reconocer y hacer visible el sacrificio de nuestras ancestros, de pensar que nuestras acciones van más allá de este día.

Por la tierra que es madre y es vida.

Muchas gracias.

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