MANIFIESTO CAMPESINO A LA NACIÓN

Los campesinos de México, ejidatarios, comuneros, productores, jornaleros, indígenas, mujeres, hombres, jóvenes y ancianos, enfrentamos los efectos desastrosos de una política agropecuaria pro-empresarial, vigente desde hace más de treinta años: el desmantelamiento y la quiebra de las ramas productivas que sustentan y alimentan a la Nación, causa de la ruina de millones de productores rurales y de la profunda erosión del tejido social de las comunidades y ejidos de nuestro México rural.

Durante este tiempo, los distintos gobiernos federales, independientemente de su filiación política, han aplicado el mismo modelo de desarrollo económico que ha concentrado la riqueza en pocas manos, generando una profunda desigualdad social, por la que treinta y cinco millones de mexicanos viven en la pobreza extrema.

Debido a la política comercial contraria a los intereses nacionales de estos gobiernos: consistente en aumentar las importaciones agropecuarias subsidiadas en perjuicio de nuestro mercado interno, las ramas productivas del sector rural están al borde de la extinción mientras en México se agudiza la dependencia y crisis alimentaria. Antes, la producción campesina garantizaba la seguridad alimentaria de los mexicanos, además de generar más del cuarenta por ciento del total de empleos en el país; ahora, los precios de los productos de nuestro campo se derrumban, se cancela nuestra capacidad para generar empleo, ingresos y oportunidades, impidiendo que se pueda vivir dignamente del campo mexicano, a pesar de su fortaleza y abundantes recursos humanos. La política actual ha debilitado la propiedad social, privilegiando que intereses privados nacionales y extranjeros se apropien de la riqueza de nuestra nación

Esto muestra que las actuales líneas estratégicas y políticas públicas neoliberales no sirven para volver productivo al campo mexicano en beneficio de la Nación; por el contrario, favorecen los intereses privados, extranjeros y del país, pues las políticas neoliberales significan que el Estado abandone su obligación de asegurar la soberanía alimentaria de la Nación. En consecuencia, se ha desmantelado la estructura de apoyos directos a la producción, comercialización e industrialización (financiamiento, asistencia técnica y transferencia tecnológica), abandonando a su suerte a los productores del sector social.

Precisamente, uno de los mecanismos más usuales y representativos de los que el gobierno neoliberal se sirve para impedir el apoyo directo a nuestro sector consiste en obstaculizar el acceso a los programas de fomento al mismo; por lo tanto, la producción agropecuaria es, lamentablemente, menos rentable y menos competitiva respecto a la de otros países, sin contar la erosión social y sus consecuencias, como son la inseguridad y la marginación de las comunidades rurales e indígenas, entre otras.

Para constatar lo dicho, baste mirar a los extensos y verdes campos arroceros convertidos en tierras desoladas que conforman montañas de maleza sin futuro, porque los campesinos mexicanos que antaño, con entusiasmo y tesón, los hacíamos producir miles de toneladas para satisfacer la demanda del mercado interno, tenemos que subsistir ahora de la única alternativa posible: los programas de asistencia social, mientras millones de sacos de arroz importado y de mala calidad cubren casi por completo la demanda del mercado interno mexicano, vulnerando además, con cada saco, la soberanía alimentaria de nuestra Nación. Lo mismo ocurre con los demás cultivos y con la ganadería; la producción de frijol, maíz, trigo, sorgo, carne, leche, huevo y demás alimentos  padece la misma situación. Son tan agudas las consecuencias de la crisis de precios derivada de las importaciones desmedidas de esos productos, que obligan a nuestros campesinos a migrar en busca de futuro a las grandes ciudades de la República o a cruzar la frontera en busca del “sueño americano”, a costa de su vida en el intento de cruzar la frontera norte de México.

Como vemos, en nuestro país es urgente, necesario y posible un campo autosuficiente, empoderado económicamente y donde rija una política diferente que genere prosperidad en el sector rural. Frente a esta situación, las organizaciones que conformamos el Congreso Agrario Permanente y el Frente Amplio Campesino, representantes legítimos de un amplio sector de la sociedad rural, decimos ¡ya basta! Mírese con orgullo al campesino que siembra la tierra para llevar comida a las ciudades: honor a quien honor merece.

Estamos convencidos, hoy alzamos juntos la voz para decir a todos, especialmente al gobierno, que otro campo es posible. Un campo capaz de producir alimentos y satisfacer la demanda interna de los productos agropecuarios, pesqueros y tradicionales; un campo que produzca bioenergéticos sin dañar al medio ambiente, así como productos orgánicos, además de impulsar el turismo para que otros mercados generen excedentes.

Afirmamos que el campo puede ser desarrollado integralmente, si, como lo señala nuestra Constitución, se considera al ámbito rural un sector estratégico y, por lo tanto, un asunto de seguridad nacional. Así, construir soberanía alimentaria sería el objetivo principal de las políticas de Estado, encaminadas entonces a construir nuevos instrumentos que fomenten la producción, transformación y comercialización de los productos del campo.

Sostenemos que la severa erosión social que nos aqueja, cuya inherente pobreza, marginación e inseguridad hiere dramáticamente a las comunidades rurales e indígenas, puede ser revertida si se crea una política que tienda a proteger e impulsar las ramas de la producción que hoy están paralizadas, gracias a la competencia desleal que las importaciones ocasionan: la reactivación económica del campo se puede lograr mediante el rescate del mercado interno, aunado a la práctica de una política comercial agropecuaria capaz de proteger a los productores nacionales. Asimismo, un mejor ejercicio del gasto público puede fomentar el desarrollo de la infraestructura productiva del sector social, tanto como modernizar la infraestructura para la comercialización y transformación de los productos  del campo, a la par que impulse el desarrollo de los centros de investigación destinados a innovar en el ámbito de las tecnologías agropecuarias.

Por ello, exigimos un  marco jurídico que garantice la satisfacción de estas necesidades, para que nunca más los pequeños campesinos se vean en desventaja frente a los grandes productores, nacionales y extranjeros, para que nunca más les sea negado el acceso a los programas de fomento agropecuario, ni las importaciones de alimentos devasten, de nuevo, el mercado interno, merced a regulaciones favorables a cualquier interés que contradiga los de la Nación.

Aseguramos que la reactivación económica del campo se puede lograr si las instituciones bancarias de desarrollo especializadas en el sector rural aplican mejores estrategias de atención a los productores agropecuarios, como son dinamizar el crédito, simplificar sus procesos, observar las leyes y fortalecer la red de instituciones crediticias para el sector social. Frente a la actual banca comercial y de desarrollo, cuyas prácticas de préstamo endeudan hasta envilecer, debe ser prioridad para el gobierno Federal impulsar una banca de orientación social. Una nueva estrategia de rearticulación de los servicios técnicos al productor impedirá que los técnicos y profesionistas del campo mexicano sigan siendo desempleados, mientras los productores rurales requieren de sus habilidades, conocimientos y acompañamiento, para lograr una producción eficiente, sin pérdida. Esto, además, hará del campo mexicano una buena opción para invertir.

Porque las organizaciones que constituimos el Frente Amplio Campesino y el Congreso Agrario Permanente sabemos que es urgente e impostergable crear, en conjunto, una nueva política de Estado para impulsar la productividad y el desarrollo sustentable del campo y los campesinos, demandamos al gobierno de la República, a los integrantes del Pacto por México y a la sociedad en general, construir un proyecto nacional en un marco de participación incluyente y democrática, que desarrolle el campo mexicano y que revierta el profundo estancamiento social y productivo que sufren millones de mujeres y hombres de nuestro México rural.

Hoy, miércoles 19 de junio del presente, el Congreso Agrario Permanente y el Frente Amplio Campesino participamos en la movilización que parte del Ángel de la Independencia a la Secretaría de Gobernación, para exigirle al gobierno de la República que abra espacios de diálogo, para construir acuerdos en favor del campo y de la Nación.

¡Por el cese a la persecución y criminalización de las organizaciones campesinas y sus dirigentes!

¡Por un presupuesto digno para los pequeños productores!

¡Por la autosuficiencia y la soberanía alimentaria!

¡Por un nuevo pacto rural!

¡Otro campo es posible!

Biblioteca

Informe de Activdades del compañero Max Agustín Correa Hernández como coordinador del Congreso Agrario Permanente en el periodo de Abril del 2013 a Enero del 2014 y la organización y desarrollo del

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